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Lunes, 08 Diciembre 2014 12:39

Pepín Liria: " La recompensa es tan grande que merece la pena el sacrificio y la lucha por ser torero"

Escrito por  J.Carlos Martín

José Liria Fernández, "Pepín Liria", torero nacido en la murciana Cehegín, ha sido un referente de valor, raza y entrega, sin medias tintas, siempre por derecho.

Un torero que consiguió innumerables triunfos a lo largo de su carrera, destacando una Puerta del Príncipe en Sevilla, así como Puertas Grandes en las principales plazas de España y Francia.  

  • ¿Cómo comienza en el mundo del toro?

En principio empecé jugando como todos los niños, que de pequeños querían ser tres cosas: médico, torero o futbolista. En mi pueblo se realizaban unos festejos menores con gente de allí, para la Asociación de Cáncer y con 12 años me anunciaron en uno de ellos. Con 14 años, me apunto en Murcia a la prueba "En busca de un Torero" pero por la reglamentación de entonces, por culpa de la edad, no me dejan actuar a pesar de estar anunciado, así que me desilusiono y no es hasta unos años despues cuando me apunto en la Escuela Taurina de Murcia. Cuando me echaron empecé por mi cuenta y con gente a buscarme la manera de poder torear. 

  • ¿Cómo fueron sus inicios?

Muy complicados y difíciles, al margen de la Escuela no era fácil la situación, hacía falta dinero... pero con mucha ilusión. A veces la dificultades a algunos nos ayudan a venirnos arriba, a estimularnos y a sacar fuerzas de donde no las hay. Uno no sabe a veces de donde salen para sobreponerse a las dificultades. Los inicios fueron muy duros, de mucha increidulidad... pero repito, muy bonitos porque son tiempos de mucha ilusión.

  • ¿Con qué ayudas contó?

Hubo un banderillero de Murcia que medio creyó y confió en mí y luego una Sociedad que se creó entre unas personas que pusieron dinero para ayudarme y cubrir los gastos que conllevan torear Novilladas.

  • ¿Cómo recuerda su debut de luces?

La verdad que muy bonito. Lo había hecho alguna vez para actuar de sobresaliente, pero esta era era la primera que iba a matar un becerro. Fue en la parte seria de un Espectáculo Cómico-Taurino de Murcia y fue toda una ilusión el vestirte de torero, con un traje de tercera mano porque no teníamos ni para uno de segunda, pero todo fue muy bonito.

  • ¿De quién se acordó en esos momentos?

Siempre te acuerdas de la familia, pero sobre todo de mi abuelo que fue el que mas me inculcó el querer ser torero. Él era el presidente de las corridas de toros de Cehegín y me llevaba con tres y cuatro añitos a los toros, yo creo que de ahí me venía la afición y en esos momentos te acuerdas de las personas, que creo, le podían hacer más que a tí mismo el hecho de verte vestido de torero.

  • ¿Qué recuerdo especial guarda de aquella época?

Yo trabajaba por aquel entonces de camarero en una Sala Rociera en Murcia y había mucha gente que me ayudaba, me daba propinas , me compraba lotería, entradas para que pudiera torear y esos son los recuerdos que tengo, de ver que hubo mucha gente que me animó, que cuando mas lo necesitaba, en esos inicios, me ayudó y me aplaudió.

  • Una anécdota

El hecho de que como no teníamos furgoneta y había que alquilarla para ir a torear, pues más de una vez nos quedamos tirados en la carretera por una avería, incluso una vez vestidos de toreros tuvimos que empujar para poder llegar a la plaza. Son anécdotas bonitas que las podemos contar.

  • ¿Qué consejo les daría a los novilleros?

Yo no soy bueno dando consejos porque siempre los doy desde mi propia experiencia que ha sido tremendamente dura, y no quiero que nadie pase por las circunstancias que yo haya tenido que sufrir en mi carrera, pero sí trasmitirles el amor y la pasión por esta profesión tan maravillosa, por un espectáculo como es el toreo, por una gente única como son los toreros que son seres especiales y fuera de lo normal. Ahora que uno está retirado, todavía lo ves con mayor admiración y cariño, sobre todo viendo que hacen cosas que engrandece esta profesión. Por todo eso que lo intenten, que luchen, que trabajen mucho y que se conciencien que aunque es muy duro, la recompensa es tan grande y bonita que merece la pena el sacrificio y la lucha.