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Lunes, 02 Febrero 2015 12:41

Tomás Campuzano: "Después de trabajar en el campo iba a la era a entrenar hasta medianoche"

Escrito por 

Tomás Rodríguez Pérez "Tomás Campuzano", nacido en Écija y criado en Gerena, ha sido un torero poderoso que saboreó las mieles del triunfo en los años 80 y 90.

 

Destacó por su capacidad de torear lo mismo una ganadería comercial que una de las llamadas duras. Sus triunfos en el año 1980 en Madrid, con tres vueltas al ruedo tras lidiar un toro de Murteira del que le negaron la oreja y cinco actuaciones más (tres antes de San Isidro y tres dentro del ciclo) siendo la última ante Victorinos, donde la afición le quiso sacar a hombros a pesar de cortar solo una oreja tras pinchar, le sirvieron para despegar definitivamente en su triunfal carrera. Ese mismo año se presenta en Pamplona y forma un lío al cortar tres orejas a un encierro de Bohorquez y en Bilbao, tras hacer el paseíllo en cuatro tardes quedó triunfador a la mejor faena, al mejor quite, a la mejor estocada y triunfador de la Feria. A partir de ese año sus triunfos son continuos tanto en España como en Francia. En América no fueron menores sus hazañas, destacando en Méjico, en Colombia donde indultó un toro en Cali, pero sobre todo en Venezuela, donde es nombrado hijo adoptivo de Maracay. En este país consigue llevarse en cinco ocasiones el Rosario de Oro en Maracaibo, tres San Sebastián de Oro en San Cristóbal, tres Tabaco de Oro y el trofeo César Girón en Maracay y la Pluma de Oro de la Corrida de La Prensa en Caracas. Y no olvidar una fecha especial, su última actuación vestido de luces tras 20 años de alternativa en la Plaza de Toros de Acho (Lima - Perú) en Noviembre de 1999 donde le corta la coleta su hermano Enrique que iba de picador con él. Hoy, dedicado a labores de formación y apoderamiento de jóvenes valores, nos relata sus inicios en el mundo del toro.   

  • ¿Cómo y porqué se decidió a ser Torero?

Empecé por mi hermano José Antonio que fue el primero que empezó a querer ser torero y en una familia larga como la nuestra que somos ocho hermanos, si empieza uno en esta profesión como él de novillero y además con muy buen ambiente, pues ahí le seguimos los demás.  A mí no me seducía eso de ser torero  porque me daba bastante miedo, y eso que nos criamos en el campo en una finca lindando a la del Marqués de Albaserrada en Gerena, entonces cuando íbamos al pueblo lo pasaba muy mal porque les tenía pánico. Luego a lo largo del tiempo, cuando yo he sido capaz de llegar donde he llegado, lo que he toreado y lo que he  matado, ni yo mismo me lo he creía. Yo veía a mi hermano de novillero y sobre todo cuando toma la alternativa en Sevilla con Luis Miguel Dominguín y Paquirri, y eso ya me sedujo más, verle con un estatus en la sociedad, con tantos triunfos en plaza importantes, pues hice examen de conciencia y que me dije: “si mi hermano lo está consiguiendo ¿por qué no lo voy a intentar yo también?”.

Empecé ya con cierta edad, con 17 años, yo trabajaba en el campo y veía que allí no iba a sacar nada del otro mundo así que me pregunté “¿Qué hace falta para ser torero? Mucha dedicación, aprender la técnica y cómo es el toreo, relacionarse con la gente del toro… así que tras acudir a una fiesta a la que me llevó mi hermano y ponerme delante de mi primera becerra que me pegó una paliza enorme, con el coraje que me entró y tras darle algún pase y comprobar que había que ganarla con inteligencia en vez de fuerza, empiezo a aprender a torear, a ver fotografías de faenas, entando siempre con gente del toro y a formarme.

  • ¿Cómo y dónde se formó?

Yo fui un poco autodidacta. En mi casa como ya he dicho, éramos muchos y quitando mi hermano Enrique que estaba casado y José Antonio que andaba de Novillero intentando salir para adelante, solo trabajaba mi padre y de vez en cuando mi madre, así que mi obligación era la de seguir trabajando para mantener la casa y poder vivir, entonces cuando acababa de trabajar, al ponerse el sol, me iba a la salida del pueblo que había una era y allí una veces solo y otras que venía un hombre con muchísima afición , que era el padre de Antonio Punta, el banderillero Juan Punta, pues me dedicaba a entrenar. Este hombre me explicaba cosas del toro y yo le echaba mucha cuenta poniendo los cinco sentidos en todo lo que me decía y en todo lo que yo veía en otros toreros. Así era mi trabajo diario, las peonadas del campo a unos ocho kilómetros del pueblo recorridos en bicicleta y a partir de las ocho de la tarde entrenar con mi muleta y un carretón, toreando de salón hasta la medianoche.

  • ¿Qué dificultades se encontró para poder entrar en Becerradas, Novilladas, entrar en tentaderos, etc…?

Tenía controlados los tentaderos de las cinco o seis ganaderías que había cerca de mi pueblo, en Gerena y no me perdía ni uno. Pedía permiso en el trabajo y allí me iba, sobre todo en Albaserrada porque me conocían mucho y el mayoral era amigo nuestro,  como iba mucho y nos habíamos criado al lado de la finca pues era bien mirado, mientras los demás chavales estaban en la tapia yo estaba allí abajo metido en el burladero esperando a la voz del mayoral  a que me dijera: “vamos Tomás, dale unos pases”. Si salía alguna vaca un poco más entera pues decían: “vamos a dejársela a Tomás”. En otras ganaderías como lo de Soto de la Fuente, Carmen Lastra, Guardiola etc… estaba pendiente de los tentaderos para acudir a tentar, a unas le pegabas seis tandas y a otras solo una, pero eso era así, iba con mi bicicleta al principio y luego con una moto que tenía mi padre.

Y en las novilladas, los domingos que no trabajaba, me iba con Juan Punta en la moto a los pueblos de alrededor donde sabía que iban a dar alguna,  hablaba con los empresarios, siempre detrás del que organizaba los festejos como en Guillena donde toreé y corté las orejas, en Castillo de las Guardas con Manolo Macías donde me dieron hasta la pata. .. Por ahí me buscaba la vida, en Cabeza la Vaca en Badajoz, también mucho por Huelva, en Zalamea la Real, en Cortegana, Aracena… en toda la provincia me formé como novillero.

Luego recuerdo  que gracias a Diego Morillo, que era el mozo de espadas de Jaime Ostos, me pusieron en San Feliu de Guíxols donde corté cuatro orejas y un rabo y fue donde gané dinero por primera vez, me quedó después de pagar todos los gastos 1500 ptas. de aquellos años.

  • ¿Necesitó algún apoyo extra para poder torear?

Mi hermano no me podía ayudar mucho porque bastante tenía con sacar adelante su carrera,  así que el que me ayudó mucho moralmente Jaime Ostos, y por medio de su mozo de espadas Diego Morillo que era de Gerena y nos conocíamos mucho, me llevó a Guillena a un Festival que toreaba el maestro, allí le dijo quién era y que quería ser torero, que no tenía nada para torear y que quería que me ayudara. Así que tras preguntarme si de verdad quería serlo y contestarle que sí, me dijo que todo lo que necesitara para torear, trajes, muletas, capotes, espadas, etc. se lo pidiera a Diego. Y así fue, toda mi carrera de becerrista y novillero sin picadores me dejó todo lo que necesité. Diego iba conmigo y Juan Punta que se preocupaba de donde había alguna novillada, de avisarme, de llamar y de venir en mi cuadrilla de tercero bastante tiempo, toda mi época de novillero, incluso cuando ya de torero tenía un mano a mano le metía y aunque sus condiciones eran limitadas tenía una gran afición, porque para el campo, los tentaderos y para aprender  de él era extraordinario, así que siempre estuvo conmigo.

  • ¿Cómo fue su debut?

Mi primera vez fue en El Bosque (Cádiz). Antes yo había toreado becerras en el campo, pero nunca en una plaza, así que mi padre me dijo que cómo iba a torear si no había entrado a matar nunca, solo al carretón,  así que hablaron con un carnicero y me mandaron donde el padre de Antonio Macandro que tenía unos becerros y nos sacó uno para torear y matarlo. Me acompañó a la finca Antonio Espartaco que nos llevó con un amigo en coche, después de torear el eral le pegué una estocada extraordinaria y eso me animó. A la semana cuando llegué a la Plaza de Toros de El Bosque, me pareció que viajaba al fin del mundo. Nunca había salido de Sevilla y no había dormido en toda la noche de las ganas que tenía. Cuando llegó la hora de vestirse, yo que no lo había hecho nunca, lo primero que hice fue poner la montera encima de la cama y el mozo de espadas al verlo me dio un grito y la apartó echándome la bronca. Después de vestido cuando llegué a la Plaza me emocioné, porque es uno de esos días que sueñas, además me tocó un novillo muy bueno y salió todo fenomenal. De los mejores capotazos que tengo en el recuerdo son los de ese día. Mi madre, que tenía una foto de ese día en su casa, decía que era el mejor lance que había dado yo como torero. Y es verdad, es un lance perfecto. Para mí, ese día fue especial.

  • Una anécdota de ese día.

Como anécdota, contar que ese día de mi debut que le corté las dos orejas al primero y di una vuelta en el segundo, estando de camino a casa, veníamos todos en un R-8, apretados, cuando empezamos todo a tocarnos por el pelo porque notamos que nos picaba, cuando nos damos cuenta que atrás llevábamos las orejas que había cortado y que venían llenas de garrapatas. Así había que vernos bajarnos del coche corriendo, en medio de la carretera, a limpiarlo de las dichosas garrapatas ¡Con la ilusión con que yo traía mis primeras orejas! 

  • Un recuerdo especial de esa época.

Me acuerdo de un banderillero. Toreábamos en Almodóvar del Campo y parábamos en el Hotel Juma en Santa Cruz de Mudela, allí me dice el mozo de espadas que hay un banderillero que es de Alcalá de Guadaira que iba a torear con nosotros junto a Juan Punta y otro banderillero y que le recogeríamos en el hotel. Estando yo en la puerta  veo venir a un hombre gitano muy, muy delgado, con una maleta en una mano y una gabardina en la otra que no era otro que el banderillero que esperábamos, llamado El Noli que iba con Jaime Ostos. Un hombre mayor, enfermo de los pulmones, con muy poquitas fuerzas pero un torero extraordinario con la capa. Tras torear esa tarde y tras recibir una paliza tremenda y cortarles a los dos el rabo,  hicimos el equipaje y nos metimos los seis en el coche, nada más salir del pueblo había un control de la Guardia Civil, nos pararon, nos metieron las metralletas por la ventana, con las luces… y El Noli repitiendo todo nervioso que no habíamos hecho nada. Cuando nos pudimos identificar y ver que éramos toreros y vieron los trastos nos dejaron pasar. La coincidencia fue que ese día fue el atentado a Carrero Blanco y no sabíamos nada. A pesar del susto que nos llevamos, desde que salimos del control hasta que llegamos a Sevilla, este hombre se pasó todo el trayecto contándonos chistes sin parar, tuvimos que parar tres o cuatro veces en la carretera para no matarnos de la risa. Ese viaje lo tengo como el mejor y más divertido que yo he hecho en mi vida. Muchas veces me acuerdo de él (tuvo la mala suerte de morir en un accidente en la carretera) porque tenía una capacidad de lidiar con un temple y unas muñecas buenísimas.   

  • Un consejo para los Novilleros sin Picadores.

Primero que tengan afición y dedicación, porque si no tienes esto y vocación, si no vives para ello difícilmente vas a llegar. No se llega por ser capaz, hay que querer llegar. Lo dice el refrán, más puede el que quiere que el que puede. Me pongo de ejemplo, yo no tenía ni condiciones ni podía llegar, me metí entre ceja y ceja que sí llegaría costara lo que costara y fuera como fuera, y lo conseguí a base de constancia y dedicación a la profesión. Gracias a la constancia he descubierto que tengo una afición desmedida. Esfuerzo, dedicación y sacrificio, que seguro que si quieren, pueden.