EL DOMINICAL
Viernes, 16 Noviembre 2018 23:04

Hoy soy yo quien se ha quedado sin trabajo. Mañana puedes ser tú, ¡torero!

Escrito por  Jesús López Garañeda

Ese grito sin respuesta a la nada dado por Pepín el mayoral y caporales vaqueros de la ganadería del Conde de la Maza, cerrada para siempre y enviada al matadero desde el cortijo Arenales está siendo poco o nada comentado por quienes deberían dedicar algo más de tiempo al análisis del problema y a la búsqueda de soluciones que hagan pervivir un tiempo más o menos largo la sin par y genuina costumbre de la Fiesta de toros entre nosotros.

Unos más pesimistas que otros, aquellos que no pasarán, estos que no puede ser, a nosotros no y los de aquí terminaremos con ello, todos creyendo que a ellos nunca les va a tocar. Además el público, que es mayoría, no tiene en cuenta el nombre de la ganadería anunciada, sólo le interesa los nombres de la terna. Y los toreros, en vez de tener la gallardía y el valor de demostrar su supuesta posición de “figura” matando todo tipo de toros en las plazas importantes, desprecian a las ganaderías que crían casta y bravura, como también desprecian la integridad. Ahora sólo piden las ganaderías de “garantías”, que los aficionados (que no el público) saben cuáles son y qué es lo que se puede esperar de ellas. Pero como decía Jesulín de Ubrique: “Los aficionados a los toros caben todos en un autobús”. Pues eso.

Cada temporada, por unas circunstancias u otras, rebulle el puchero o la olla torera sacando y aireando miserias, compromisos imposibles, engaños y fraudes que van en detrimento de la armonía que debe reinar siempre en toda relación humana. Ayer fue Talavante quien se cortó la coleta, dicen que de momento. Antes los cánones abusivos que exigen las administraciones propietarias de cosos taurinos al empresario que debe echar luego la pata “alante” de su esfuerzo y sus dineros, siempre mirado con lupa y considerado como si fuera un malhechor. Y unido además a esa pléyade de políticos naturalistas, locos por la música y su casta delicada, que quieren abolir los toros porque les sale a ellos mismos de sus perendengues.

Tantos condicionantes están logrando, con bastante éxito en algunos sitios, el final de esta significada, bella y valiente vocación de entrega y riesgo, porque falla la materia prima fundamental en la lidia que es el toro bravo, íntegro, sin manipulación ni acicalado de pitones. En una palabra que el riesgo, el miedo y su superación salen por los vomitorios de los tendidos y no dejan nada de sentimiento ni admiración en quien lo ve, en el espectador.Tan solo pasar un rato, fumarse un puro, charlar con los amigos y retener el recuerdo algo más vivo en la existencia del aficionado. Demasiado poco para cuanto esto mismo significa.

Hoy se han quedado sin trabajo unos cuantos, pero mañana puedes ser tú, torero. Así que aplícate el cuento y que no sea el de la buena pipa.