EL DOMINICAL
Domingo, 22 Julio 2018 13:43

Remembranzas Taurinas, el Toro "Romito" de Miura (1879)

Escrito por  "Don Ventura"

Érase que ]a temporada taurina del año 1879 tocaba a su fin, y que para el día 26 de octubre organizó la empresa de Madrid la corrida diecinueve de abono, cuyo cartel lo componían tres toros de la gañadería de Laffitte (primero, tercero y quinto) y tres de la de Miura. cuyas seis reses habrían de morir a -manos de Felipe García y Benavente, Angel Pastor y Gómez y Juan Ruiz y Vargas, «Lagartija», diestros de segunda fila los tres e incapaces de meter un Heno en la Plaza que se alzó donde se ha construido el Palacio de los Deportes. Aparte que estando la tarde fría y nublada y bien avanzado el otoño, no era cosa de que los taurófilos corrieran desalados para presenciar unas faenas que solamente en hipótesis podía admitirse que fueran excelentes. Pero los que no presenciaron aquella corrida debieron de lamentarlo profundamente, al enterarse de algo que ocurrió en ella, y que yo voy a referir como pueda, valiéndome de los apuntes que tengo a la vista. No me propongo explicar detalladamente la lidia de los seis astados, pues para entretener' mis ocios bastará con que solamente preste atención a lo que con la del último ocurrió, un toro miureño llamado «Romito», retinto, listón, ojinegro, bragado y cornicorto, dicho sea sin omitir dato alguno de sus señas «personales». Como jugado en último lugar, le correspondió a «Lagartija», y seguro estoy de que si este diestro murciano no hubiera fallecido el día 16 de diciembre del año 1926, aún estaría limpiándose el sudor que le salió por los orificios dé ías glándulas de su piel, y que la misma serosidad se limpiaría a estas alturas el torero de Getafe (he nombrado a Felipe García), de no haber dejado de existir con fecha 31 de mayo de 1893. Con esto que dicho queda, habrá podido advertir el menos perspicaz de mis lectores que el toro «Romito» fué un ejemplar que salió dispuesto a demostrar su procedencia; que consciente de su obligación, como legítimo toro de Miura, de los de entonces, hizo cuanto pudo por mantener la fama aplicada a tal ganadería, la cual fué siempre mencionada por los toreros con palabra' mordaz y concepto agresivo, y jamás con expresiones dulces y delicadas. Aparecer «Romito» por la puerta del chiquero y empezar los toreros a pasar fatigas, todo fué simultáneo; cuatro puyazos —cuatro solamente, y haciéndose el remolón-— aceptó de los picadores ((Badila» (José Bayard) y «Colita» (Matías Uceta), y tanto porque a causa de su escasa codicia salió suelto de la suerte, como porque la puyas de aquel tiempo no eran como las de hoy, pasó entero y con todo su poder a los otros tercios, con gran disgusto, en primer lugar, de los banderilleros Valentín Martín y «Regalcrín» (Victoriano Recatero), encargados de clavarle los rehiletes de ordenanza. Estosidos subalternos pertenecían a la cuadrilia de «Frascuelo», los cuales, si torearon aquella tarde a las órdenes de «Lagartija» se debió a que éste sustituyó en tal ocasión a Salvador Sánchez, a quien el día 12 de aquel mes, en la misma Plaza de Madrid, el loro «Primoroso», también de Miura, fracturó el brazo izquierdo y le ocasionó una congestión pulmonar. Cuando «Lagartija» requirió los avíos para dar cuenta de «Romito», bien puede creerse que no lo hizo dispuesto a emular las glorias de Pedro Romero y Francisco Montes. ¡De qué parte! ; Un toro de Miura, entero, con malas pulgas y hermano del que quince días antes había enviado a «Frascuelo» a la enfermería? La verdad era que nada invitaba a arrimarse, sino a dejar qu3 transcurriese el tiempo, en espera de que el presidente ordenara la salida de los niansos. A nadie sorprendió que al dar el primer pase de muleta sufriera Juan Ruiz un susto mayúsculo, viéndose acosado por la res; en la faena, «o así» que siguió después recibió el animal tres lesiones leves; dejó luego el ,diestro media estocada, que no produjo ningún resultado, y al entrar por quinta vez, le cortó el bicho el terreno, como estaba previsto. Instintivamente, apeló ((Lagarija» a la fuga, y al ser alcanzado y derribado, fué cogido, y sufrió una herida grave, que no detallo copiando el parte facultativo, porque ninguna falta hace transcribir unos términos qúe para los profanos parecen otros tantos camelos. El percance pudo ser más grave, pero Angel Pastor, interponiéndose con su capote, evitó que el toro recogiera al diestro herido. ¡Valiente toro! Con todo lo ocurrido hasta entonces, se habrá hecho amo dé la caja de los truenos, y todos temían que estallase sobre sus cabezas, sobre todo Felipe, que estaba obligado a sustituir a Juan. ; Y qué hizo el torerero de Getafe? Recetar un pinchazo sin soltar, para hacer boca y sin dar previamente pase alguno, y luego, correr a tomar el olivo, no sin herirse con la espada al saltar al foso; cuándo quiso pinchar de nuevo fué alcanzado por «Romito» y sufrió una herida en la mano derecha, lo que no fué obstáculo para seguir en la lucha; cinco veces más pinchó giempre a la media vuelta, intercalando en ellas dos amagos, y como en la última dejó clavado el estoque, fué ahondando éste desde la barrera y así consiguió que acabase la vida de aquel miureño, el cual se puso durante la faena que 1" hicieron como para darle giraldillm mirando al lendido.. * Que pasara fatigas «Lagartija», nada tiene de particular, porque el homónimo del Arcipreste de Hita no fué un estoqueador fulminante; pero que las sufriera Felipe García y Benavente no deja de extrañar, si bien se mira, pues el g-tafense llevaba fama de nq dar nunca en hueso y de recetar unos espadazós que dejaban sentados a los toros. Asusta pensar qué habría ocurrido si en tal ocasión hubiera tenido que esgrimir la espada Angel Pastor, segundo matador de tal corrida», pues el torero de Ocaña siempre se veía en apretado trance al «entrar por uvas». Todos convinieron en que «Romito» fué uno de los toros más difíciles y peligrosos —araso el que más— que aquel año se lidiaron en Madrid. ¿No merecía la pena de presenciar su accidentada lidia, aunque la tarde estuviera nublada y fría? Yo creo que sí. Aquel toro, lejos de ser el astado idiota que se deja engañar desde que sale del chiquero hasta que dobla para el arrastre, parecía como si comprendiera el fin a que estaba destinado, y esto no deja de ofrecer un interés enorme. Con toros así no habría corridas, porque en el plan que salen al ruedo no hay quién les salude desde la andanada; esto es innegable; pero yo opino que, aunque sólo fuera para poner a prueba las aptitudes y el corazón de algún galán joven de taleguilla, lleno de ínfulas, de ambición y de vanidad, y para que se le bajaran los humos, debiera salir a] ruedo algún «Romito» de vez en cuando. Sin ulteriores consecuencias que obligaran a visitar el «cuarto del hule», naturalmente. En fin, aquella corrida madrileñ.i del 26 de octubre de 1879 terminó con lo que en la jerga Taurina de andar por casa se llama un «mitin». A otro que no fuera Felipe García le habría perjudicado más que a éste, pues el torero de Getafe contaba con el apoyo del celebérrimo Casiano Hernández, empresario a la sazón. Y ser amigo del empresario de Madrid siempre ha sido cosa excelente para cualquier torero. Por eso no concedió Felipe mayor importancia a las fatigas que pasó con «Romito».