EL DOMINICAL
Domingo, 22 Julio 2018 13:37

Anecdotario Taurino (2)

Escrito por  Plácido González

Anécdotas Taurinas publicadas en Los Mitos del Toro

Cuchares Ganadero

Cuando Cuchares se metió a ganadero, por cierto con penoso resultado, dijo un día al duque de Veragua:

-Ahora vera usté lo que es criá toros güenos…

Y el duque, encogiéndose de hombros, le contestó:

-Desengáñate, Curro, las guitarras nunca las han hecho los tocadores

 

Sobran letras y cariño

En cierta ocasión, Enrique Vargas, “Minuto” hubo de dedicar un retrato suyo al maestro que le había enseñado a leer y escribir, y la dedicatoria que escribió en la fotografía decía:

—”A mi querido y “hadmirado” maestro don “fulano de tal”, a quien le devo el saber leer y escribir”.

Cuando el maestro leyó la dedicatoria, se indignó, como es natural, al ver como andaba de ortografía su ex-discípulo.

—Pero hombre de Dios —le dijo—. ¿Yo te he enseñado a escribir admirado con hache?

Y “Minuto” replicó de inmediato:

—Mire usted, es tanto el cariño que siento por usted, que todas las letras me parecen pocas para demostrárselo.

 

Unos zapatos con huecos

Fernando “El Gallo”, gran torero, pero muy deficiente estoqueador, fue a matar cuatro toros a la Isla de San Fernando, complaciendo así a un compadre suyo que se hizo empresario de la corrida. Era el tal compadre, zapatero de profesión y pensaba utilizar en su industria del calzado, las pieles de los cuatro toros. El maestro Fernando no estuvo muy acertado con la espada y pinchó más de la cuenta, sobre todo estoqueando al cuarto toro que lo volvió loco. Cómo sería la cosa, que el empresario-zapatero poniéndose de pie, le gritó: — ¡”Compare” de mi “arma”!… Pare “usté” la “ametrallaora” que no me va a “queá” libre un ‘peaso de piel pá jaserle” unos zapatos a los chiquillos.

 

Las Jacas de “Guerrita”

En cierta ocasión coincidieron en una cacería el rey D. Alfonso XIII y el famoso diestro “Guerrita”, retirado ya.

El rey llevaba un magnífico automóvil y el torero un coche arrastrado por cuatro jacas.

-Buen coche llevas- le dijo el monarca a Rafael.

-Tampoco es malo el de “zu” Real “Majestá”. Ahora que, a carrera larga, gano yo.

Poco después, puesta en marcha la comitiva, y no obstante haber salido el último, dejó el rey atrás a todos los demás; pero ocurrió que el magnífico automóvil regio sufrió una “panne”, y mientras reparaban la avería llegó “Guerrita” con sus cuatro jacas andaluzas, quien, encarándose con D. Alfonso, dijo muy satisfecha:

-Ya advertí a “zu” Real “Majestá” que, a carrera larga ganaría yo.

 

Que tiempos aquellos

Mataba Juan León, en Cádiz, uno de esos toros berrendos de sentido, con los que no hay arte posible para mandarlos pronto á la carnicería; y cuando había dado muchos pases, un gitano que ocupaba un asiento de tendido gritó:

—¡Qué tiempos aqueyos, zeñon Juan!

Juan León siguió dando pases y más pases, sin adelantar nada.

Al poco rato volvió el consabido gitano á gritar:

—Zeñon Juan, ¡Qué tiempos aqueyos! ¿Zacuerda osté?

Juan León, más quemado que un pisto manchego, siguió dando pases y pinchazos á más y mejor, y el gitano volvió á repetir:

—¡Zeñon Juan, qué tiempo aquer! En toavía no apuntaban estas patillas, que Dios conserve en mi fisonomía!

El torero no pudo aguantar más, y dirigiéndose al gitano, le dijo:

— ¿De qué tiempo del diablo habla usté, señor esgalichao?

—Hombre, de qué tiempos han de ser, contestó, ¡de aqueyos en que comenzó osté á bregar pa matar ese becerriyo!