EL DOMINICAL
×

Advertencia

JLIB_APPLICATION_ERROR_LIBRARY_NOT_LOADING

JLIB_APPLICATION_ERROR_LIBRARY_NOT_LOADING

JLIB_APPLICATION_ERROR_LIBRARY_NOT_LOADING

Domingo, 08 Julio 2018 20:08

Anecdotario Taurino

Escrito por  Plácido González

Anécdotas Taurinas publicadas en Los Mitos del Toro

Toros en Paris

El primer año en que se celebraron corridas de toros en París, fueron allí, como es sabido, casi todos los matadoras de alternativa. Almorzando en un hotel el mismo día de la llegada la gente que iba al servicio de Fernando Gómez (el Gallo), sirvieron un plato de carne apenas pasada por la parrilla, lo cual hizo que el mozo de estoques se dirigiera al camarero en estos términos.

—Oiga usted, esto está vivo. O se han figurao ustés que aquí semos lobos, que nos comemos la carne crúa?.

 

Lagartijo y la República

Rafael Molina Sánchez, “Lagartijo” era consecuente con su manera de pensar dentro y fuera de la plaza, alardeaba de republicanismo, y en 1889, en la primera de las corridas que se celebraron en París con motivo de la Exposición Universal (la de la torre Eiffel), se negó a brindar un toro a la reina Isabel II, diciéndole a los allegados en el callejón: “Que no se lo brindo… porque soy republicano ¡He dicho y no repito!”

 

Lagartijo y Córdoba

—Desengáñate,—le decía á Lagartijo un admirador, amigo y paisano suyo;—en nuestra tierra no ha habido más hombres célebres que dos : tú y Gonzalo de Córdoba.

— No, que semos tres;—repuso Rafael.—¿Pues dónde te dejas al Gran Capitán?

 

Lagartijo y sus telegramas

En cierta ocasión a «Lagartijo» le suspendieron una corrida por lluvia, y le puso a su esposa el siguiente telegrama: «Suspendía la corría por llovía. Tu marío, Rafael».

Cataratas toreras

El famoso Rafael Molina, “Lagartijo” y José Lara, “Chicorro”, se encontraron en un balneario, después de haber dejado el primero los toros y cuando el segundo se encontraba en el ocaso de su carrera taurina.

—Pero… ¿es que ya no piensas torear? — preguntó el cordobés al diestro de Algeciras.

—Es que soy viejo, Rafael —contestó “Chicorro”—, y voy a quearme ciego porque las cataratas se me van jasiendo cá vé más grandes. En la plaza estoy en un continuo compromiso. No jago más que tropezar con los caballos.

Y “Lagartijo” le preguntó maliciosamente: —¿Y cómo es, José, que no “tropieza” con los toros?


El Espartero

Un vestido de canario

En cierta ocasión, Manuel García, “El Espartero” mandó hacerse un vestido amarillo, confiado de que este color le daba buena suerte. Pero ocurrió que la misma tarde que lo estrenaba sufrió tantas y tan aparatosas cogidas que salió de la plaza completamente molido y sin ganas de bromas. Una vez en el hotel los amigos comenzaron a dirigirle frases más o menos irónicas y ocurrentes acerca de la “buena suerte” del trajecito amarillo, hasta que el diestro acabó por reír y exclamar:

—La verdad es que me he “pasao” la tarde tapando goteras en las nubes.

A lo que replicó su banderillero Malaver:

—Pero como no habías de pasarte volando toda la tarde, si iba vestido de canario.

 

Rafael el Gallo

División de opiniones

Acababan de celebrarse las corridas de la feria de Córdoba. Rafael el “Gallo” regresaba en el tren a Sevilla. Durante el trayecto, en el pasillo del coche-vagón tropezó con un amigo que, desde Madrid, se dirigía también a Sevilla.

Tras saludarse efusivamente, recayó la conversación sobre las corridas de Córdoba. Fue el amigo preguntando al “Gallo” por la actuación de todos los diestros que en ellas tomaron parte, así como el juego que había dado el ganado. Al fin le dijo:

– Y tú, ¿qué tal has estado? ¿Qué opinaba el público de tu actuación? A lo que el “Gallo” contestó con seguridad:

– Pues, mira, de mí sólo sé decirte que las opiniones quedaron divididas.

– ¿Entre tú y el “Bomba”? – preguntó el amigo.

– No –respondió Rafael–. Que unos se metían con mi madre y otros con mi padre.

 

¡Enviadlo a la cárcel!

Las reacciones de los públicos presentes en una plaza de toros son muy dispares y en ellas influyen una gran cantidad de factores: las faenas, el tiempo, el ganado…Por ello, a menudo se producen grandes manifestaciones de fervor popular en una plaza, tanto a favor como en contra.

En esta ocasión, pasamos a relatar una anécdota sucedida a Rafael Gómez El Gallo en Valladolid. Antiguamente, se tenía por práctica habitual anunciar seis toros para dos toreros.

Habiendo matado El Gallo el primero de su lote, no había tenido el ilustre torero mucha suerte y su actuación había sido más bien gris. En esto que un espectador comenzó a increparle duramente a la muerte del toro y gritaba:

– A la cárcel, a la cárcel con El Gallo…
A lo que Rafael, consciente de que aún le quedaban dos toros encerrados, respondió:
– A la cárcel… ¡qué más quisiese yo con lo que me queda ahí dentro!

 

Veras … hay muchos

De los Veras, de Cádiz, fue aquel famoso aficionado a quien, como un novillo le partiese el revés del vientre, dejándole mal herido, dispuso en el testamento que lo enterraran boca abajo para que siempre se viera la gloriosa herida. El tal, que tenía un humor comparable con el de don Francés de Zúñiga, bufón de Carlos V, decía a su pobre mujer, cuando él ya se encontraba embarcado para el otro mundo:

-¡Hija mía, no te cases! Veras hay muchos; pero no encontrarás un toro que te mate el segundo “marío”