EL DOMINICAL

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Domingo, 08 Abril 2018 10:53

Un torero ajusticiado

Escrito por  Fernando García Bravo

«Manuel Lucas Blanco» murió en el patíbulo de la Puerta de Toledo, en Madrid

La política no ha sido ajena en el mundo de los toros, los que visten de luces en todos los escalafones, banderilleros, picadores y espadas, en muchas épocas han alternado su profesión taurina con aficiones políticas. En ocasiones llevaron a las plazas la pasión política, en la que envolvieron a los públicos, que los aplaudió o censuró rabiosamente según las circunstancias. Se tiene como el punto de arranque de la actividad políticotaurina la invasión francesa que hirió la fibra patriótica del pueblo español, y comenzó éste a mirar mal a los afrancesados. Ya hubo entonces un torero de alguna popularidad que huyó a Portugal, y de allí no regresó hasta que desapareció todo el peligro de tener que divertir a los extranjeros. Fue éste el famoso «Curro Guillén», a quien los partidarios del rey intruso quisieron darle más de un disgusto que él supo esquivar. Tras éste vinieron otros muchos, que bien pueden denominarse toreros políticos, que como tales se significaron. Antonio Ruiz «El Sombrerero» y Juan León fueron realista el primero y liberal el segundo en la época en que cuando predominaban unos eran perseguidos los otros. Llevaron su pasión política y su atrevimiento aquellos diestros hasta el extremo de salir un día en Sevilla, el 13 de junio de 1824, Juan León con vestido negro y «El Sombrerero» con blanco, pues «negros y blancos» se llamaba a liberales y absolutistas respectivamente. La imprudencia pudo costar cara a Juan León, a quien los realistas persiguieron fuera de la plaza y en poco estuvo que no pagara a alto precio su osadía. Un toreroajusticiado «Manuel Lucas Blanco» murióen el patíbulo de la Puerta deToledo, en Madrid 47 .

Años más tarde, cuando había terminado el imperio de los realistas, «El Sombrerero» actuó en la plaza de toros de Madrid el 20 de agosto de 1832, junto a su hermano Luis Ruiz y Francisco Montes «Paquiro». El público recibió a los hermanos con cencerros, campanillas y cuernos. Les silbaron por todo a pesar de querer agradar en todo momento y ante el cariz que tomaba el asunto la Junta de Hospitales rescindió los contratos de Antonio y Luis por motivos políticos. Un caso diferente fue el ocurrido al diestro Manuel Lucas Blanco, del que nos vamos a ocupar. Este matador de toros había nacido en el popular barrio de San Bernardo, de la capital sevillana, en 1793. Hijo de familia humilde de empleados del matadero, allí trabajó también desde niño, donde surgió su vocación taurina de su contacto con ganado destinado al sacrificio, y practicando un rudimentario aprendizaje, tanto en los corrales de dicho establecimiento como en algunas funciones en los pueblos próximos a la capital. Su amigo y valedor Antonio Ruiz «El Sombrerero», se erigió en su protector y maestro al que le dedicó su atención en las enseñanzas a torear, corrigiéndole su primitivo estilo. Al lado de «El Sombrerero» trabajó Lucas desde 1813 a 1816, pasando luego a las órdenes de Francisco González «Panchón», quien le cedió toros en provincias para que practicase el manejo de la muleta y el estoque, ya que las aspiraciones del diestro sevillano fueron, desde sus comienzos, el llegar a la categoría de matador de toros. Como peón y banderillero aventajado, logró el ascenso a media espada. En Madrid se presentó el 29 de abril de 1821, con Juan León, para estoquear como medio espada los dos últimos toros, y ya en el año 1823 trabaja como matador de toros, categoría a la que se llegaba por los pasos acostumbrados de aquella época. Pero un suceso histórico, que tomó su importancia por su connotación política, fue la noticia que reunió la atención de todo Madrid en el año 1837. Lucas Blanco era ferviente partidario de la política absolutista (carlista), lo cual era peligroso, declarándose partidario exaltado de dicha política, ingresando de voluntario realista, perteneciendo a la sección conocida por la cáscara amarga, por su constante persecución de los liberales, llegando a exponer sus ideas con vehemencia en la misma plaza de toros, y eso le causó muchos disgustos e influyó en su desgraciada muerte. Fue famoso el brindis que dirigió al infante Francisco de Paula en la plaza de toros de la Maestranza de Sevilla: «A mi señor infante D. Francisco; va por usía, por la mujer, por la familia de aquí y por la de allá». Era conocido que el infante mantenía relaciones extramatrimoniales con una cortesana francesa. En la noche del 18 de octubre de 1837, estaba Manuel Lucas en un colmado llamado las Delicias de la Bética, en la calle de Fuencarral, con varios individuos de su cuadrilla, con el objeto de festejar su última corrida de la temporada en Madrid, y allí se encontró con Manuel Crespo de los Reyes, sargento de caballería dela milicia nacional y conocido suyo, por haber sido picador y contratista de caballos para la plaza de toros de Madrid, con quien emprendió animada conversación mientras bebían unos vasos de vino. Al punto se terció la conversación sobre política y se hizo general, pero hallándose acalorado por el vino, el miliciano increpó duramente contra el torero, la disputa se agrió, saliendo los dos a la calle y a poco el miliciano nacional caía muerto, herido por un certero navajazo en la ingle izquierda, por la que se desangra ymuere a los pocos minutos. Lucas Blanco huyó del lugar, siendo detenido en la calle de Caballero de Gracia por dos serenos y los nacionales de caballería, quienes le pusieron en manos de la justicia. La gran expectación motivada por el juicio de un personaje pú- blico como era el torero Lucas Blanco fue aún mayor de lo esperado y el veredicto fue sentenciar a Lucas Blanco a la pena de garrote vil. Los toreros Francisco Montes «Paquiro» que en aquella época era ídolo taurino, acudió a la reina Cristina, acompañado de Juan León y de otros matadores de fama, en demanda del indulto. La soberana quiso concederlo, pero la presión de la Milicia fue tan agobiadora, que no se atrevió a otorgarlo, y Manuel Lucas Blanco fue ejecutado el jueves el día 9 de noviembre de 1837, a las doce de la mañana en «el sitio acostumbrado», a las afueras de la Puerta de Toledo, a los 21 días después de cometer el accidentado asesinato. En el mismo lugar, el día 6 de noviembre, es decir, tres días antes, llevaron al patíbulo al famoso bandolero Luis Candelas. Dando prueba de entereza se permitió hablar al público presente antes de su ejecución y entre otras cosas, dijo: «He sido pecador como hombre, pero nunca se mancharon mis manos con la sangre de mis semejantes». Manuel Lucas Blanco era un diestro que contaba con muchos amigos y grandes simpatías y admiración por ser un lidiador con valor, sereno, seguro, que se adornaba poco, pero daba grandes estocadas y fue el único toreo en toda la dilatada historia de la tauromaquia que ha de escalar las grada del patíbulo. Quizá si no se hubiera significado como político, no habría sufrido tan vergonzosa muerte.