EL DOMINICAL

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Domingo, 08 Abril 2018 10:38

Roberto... y sus sueños taurinos

Escrito por  Mariano Cifuentes Sánchez

Hoy les traigo un chascarrillo taurino que en el último puente encontré en un cajón del Museo de Encina Hermosa.

La cena de Nochebuena no ha comenzado. Roberto con sus dos hijos varones conversa en el gabinete. Las dos hijas colocan la mesa en el comedor. Felisa, la madre en la cocina termina los preparativos de la cena.

El padre hombre trabajador tiene un negocio de seguros, que marcha viento en popa, ha logrado una fortunita, que les permite vivir holgadamente.

Pero Roberto siempre tuvo una debilidad " los toros ".

Su juventud transcurrió soñando con ser torero. Lo intentó. Pero no tenía " las tres veces valor " que para ser torero hace falta. Y poco a poco, desistió, en su empeño. Pero eso sí, a pesar del paso del tiempo él siguió soñando.

Atendía su negocio y a sus clientes a la perfección, pero por las noches, antes de dormirse, y hasta a veces, dormido, hacía faenas que le dejaban totalmente satisfecho. Pensaba, " que torerazo más grande soy ". En cuanto cenaba, nuestro hombre no pensaba más que en meterse en la cama, y una vez apagaba la luz ¡tararí!, Roberto se transformaba en torero.

Sus quites con el capote, eran únicos. La Plaza entusiasmada los aplaudía con gran estruendo. Y en el siguiente quite - pensaba - voy a gallear, y galleaba. ¡ Ahí queda eso ! ¡ Ahora que entre " Joselito " !

Al coger las banderillas Roberto. " Qué tres pares " Uno en el centro del ruedo, al cuarteo. Otro al sesgo, incluso dándole todas las ventajas al toro. Y el tercero, totalmente en la boca de riego, y Roberto entusiasmado cogía el vaso de agua de la mesilla de noche y se enjuagaba la boca.

Brindaba siempre el toro a Felisa, su novia, que ahora era su mujer. Siempre el mismo brindis. " Brindo la muerte de este toro a un clavel mañanero ". Ni cuando Felisa era ya la madre de sus cuatro hijos cambió el brindis. ¿ Por qué Roberto no cambiaba el texto del brindis ? ¿ Para qué ?

Siempre le había salido redonda la faena.

Y se iba para el toro con la muleta y la espada, soñando, ¡ Oh, gozo de los sueños, delicia incomparable !.

Y Roberto, vivía feliz, por el día ganando dinero con sus seguros y las noches eran perfectas derrochando sus fantasías.

Pero eso sí, sus sueños eran íntimos y nunca los reveló ni siquiera a su mujer, que los compartía todas las noches, sin percatarse de ellos. ¡ No le comprenderían ! Porque él era un gran torero, de esto no había ninguna duda. Y en la Plaza, cuando presenciaba una gran faena de algún torero, interiormente pensaba, " no está mal, pero esta noche le daré un baño que le dejaré para los restos". Y se lo pegaba. Hasta que un día......

¿ No se sabe cómo pasó aquello ? Una noche cualquiera, y estando en el patio de caballos, liándose el capote de paseo a la cintura, para torear la corrida, cuando su imaginación se salió de la Plaza, y de pronto se hizo la siguiente pregunta :

¿ Por qué no haces a Vicente, su hijo mayor torero ? Vicente tenía quince años, la indiscreta y osada imaginación le insistía tercamente :

" Tú podrías hacer a Vicente un gran torero ".

Aquella noche se la pasó meditando aquello y por primera vez en muchos años no mató ningún toro

Pensándolo bien aquello no era ninguna tontería.

Llevándolo él, su hijo podría ser un torero de época. Pero a la noche siguiente volvió a matar dos toros como no los había matado en su vida. Pero desde aquella noche las corridas no eran diarias. Lo del hijo le preocupaba y le traía a mal traer. Después de unos días, decidió consultarlo con su mujer al ser un asunto que por su importancia requería consejo y reflexión. Y una noche en la intimidad de la alcoba, sin ninguna preparación le soltó la bomba a bocajarro :

Felisa ¿ Qué te parece si hiciéramos a Vicente torero ?

- Lo dices totalmente en serio.

- Pues claro, y tan en serio.

En este caso si me vuelves a hablar de semejante locura tenemos el primer disgusto y el último.

- Yo lo he pensado y meditado despacio. El asunto tiene sus inconvenientes, pero en cambio...

- No sigas, es inútil, aún trató Roberto de convencerla pero ante la resuelta actitud de su esposa, enmudeció y apagada la luz, pensó: Felisa, cuando dice que no de una manera tan rotunda, no hay nada que hacer.

Y aquella noche de Nochebuena avanzaban los preparativos, cuando Vicente le dijo :

- Oye papá, tengo que pedirte un favor, sin que se entere mamá.

- Veamos, veamos.

- Que me dejes ir el domingo que viene a una tienta en el Escorial.

- ¿ A qué ? ¿ A torear ?

Su padre, se quedó sin habla. Y contestó :

- Me parece bien que asistas a la tienta. Ahora en cuanto a torear. ¿ Tú tienes valor ?

- Para que lo sepas, papá. He toreado hasta utreras.

- ¿ Que tú has toreado ? ¿ Y utreras ? ¿ Cuándo ? ¿ Dónde ? ¿ Con quién ?

El chico se explicó.

- Mira papá ; cuando ví que la becerra pasó rozándome el cuerpo, obediente a mi muleta, me entró una cosa, una alegría, que es algo que no se parece a nada.

- Dímelo, a mí.

- ¿ Tú has toreado, papá ?

- Toda mi vida... Digo..., claro... unas becerritas como tú y a tus mismos años.

- ¿ Y lo pudiste dejar ? ¿ Y no soñaste con ser torero ?

- ¡ Hombre ! Como soñar, alguna vez que otra he soñado.

- Pues yo no pienso en otra cosa. Papá, tómalo como quieras, pero yo seré torero.

- ¡ Chiss ! ¡ Calla, no lo vaya a oír tu madre o alguna de tus hermanas.

El padre lleno de emoción, abrazó a su hijo y , al oído le dijo :

- Tú seras, un gran torero, un torero de época. De eso me encargo yo, pero ¡chitón !. El domingo iré contigo a la tienta de El Escorial.

- A la mesa, que se enfría la sopa de almendras.

Roberto, rebosaba de felicidad, Vicente, también. Contagiaron con su alegría al resto y la cena de Nochebuena fue tan alegre, que la madre decía :

Toda mi vida me acordaré de esta Nochebuena.

El padre abrazo y besó a su esposa.

- Tu los has dicho. En esta Nochebuena ha nacido...

Vicente, muy oportuno, metió el capote :

- ¡ Papá ! ¿ Te acuerdas de algún villancico ?

Y el padre pensó : " ¡ Qué quite me ha hecho !

¡ Qué torerazo !

Por fin llegó el domingo y fueron a escondidas de la madre al tentadero. Una becerra cogió a Vicente y le propinó un buen puntazo que acabó rotundamente con un torero de época. Pero Roberto no se amilanó, ni un ápice. Siguió soñando, si cabe con más fuerza. Ya no era él el enorme torero que triunfaba todas las noches. El triunfador era su hijo, un torero de excepción

Dicen que soñar con un toro negro trae buena suerte. Roberto soñó con tantos que así le iban de bien sus negocios de seguros.

Soñar es gratis. Los sueños son libres, soñar es optimismo. Las personas exitosas en la vida son seres soñadores.