EL DOMINICAL

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Domingo, 08 Abril 2018 10:35

Un clavel para los cirujanos taurinos de Valladolid

Escrito por  Jesús López Garañeda
Un clavel para los cirujanos taurinos de Valladolid Foto: José Salvador

Cuando decimos que los cirujanos taurinos son ángeles de la guarda de los toreros, no se utiliza la expresión a humo de pajas, sino que guarda en sí misma un significado real y pensado, lógico y positivo.

Llevo varios años intentando conocer y divulgar a mi manera muchas de las historias y vicisitudes de cuantos se mueven en el ruedo de la fiesta de los toros, por entender que ellos son los protagonistas activos de la misma. Siempre sin dar ni quitar, sino poniendo, negro sobre blanco, la acción precisa, la tarea cumplida, la misión acabada.

Por aquellos días titulé una colaboración calificándola de “samaritanos y buenos taurinos” a los cirujanos que dan asistencia inmediata al torero en la enfermería de la plaza, caso de producirse la cogida, la herida por asta de toro, la lesión, el infortunio del riesgo y dedicándosela a la pareja en este caso de Valladolid y  trío en su provincia  que integran y conforman Antonio María Mateo, Pepe Rabadán y Zósimo de Gregorio. Y sin olvidar ampliando el círculo a los Crespo Neches y Rubio zamoranos y otros ilustres nombres como el francés Jean Mitchel Gruffant con quien compartí jornadas culturales explicando las acciones en festejos populares de toros, amén de los grandes Vila, Padrós, Valterres…

En diversas reuniones profesionales, y siempre con el deseo de aportar y proyectar la mejora de todas y cada una de las condiciones que deben adoptarse y dotar para una enfermería de Plaza, ellos han hablado claro y sin tapujos: Hay que prestar la atención debida a estos profesionales que tienen a su cargo la sanidad, la compostura, el arreglo del cuerpo y restañado de heridas de un torero cogido, corneado. Ellos sí que saben cuáles son las necesidades. Conocen en su campo mejor que nadie lo que puede y debe hacerse. Por eso, se hace preciso escucharles y hacer sus propuestas realidad.

Antonio María Mateo y Pepe Rabadán, bonancibles, amigos, hombres afectuosos siempre conmigo que muestran en todo momento el respeto y la singularidad del cariño merecen de los aficionados algo más que reconocimiento: Su labor no puede caer en el olvido.

Los llaman y acuden como uno más a jornadas, conferencias, mesas redondas e intercambios culturales, profesionales, dispuestos siempre para explicar su materia de la que son dignos maestros, expertos en la labor y conocedores del entresijo taurino, porque ellos son aficionados hasta la médula. Además el equipo médico es colaborador de causas benéficas y solidarias como tienen por costumbre, haciéndolo “gratis et amore”.

Es toda una vida dedicada a la causa del fomento de la Tauromaquia, a la protección de sus protagonistas, Profesores de la Real Academia de Medicina, escuela de vida, investigadores…Por eso desde esta sencilla tribuna les lanzo mi clavel de agradecimiento: ¡Nunca os podremos olvidar, doctores taurinos de Valladolid!. ¡Gracias!.