EL DOMINICAL

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Domingo, 11 Febrero 2018 20:19

Difama, difama, que algo queda, aunque sea una mentira

Escrito por  Jesús López Garañeda
Difama, difama, que algo queda, aunque sea una mentira Foto: F.T.Valladolid

¡Qué poca vergüenza tienen los animalistas que han ejercido de correa de transmisión interesada ante la noticia no de la ONU sino de un portavoz con fines raros y ocultos que ha hecho las desacertadas e hirientes declaraciones!.

La reacción consiguiente de algunos medios españoles animalistas predispuestos contra la Fiesta han creído dar al moro gran lanzada pues entendían que a los niños había que prohibirles el acceso a las plazas de toros tras una presunta recomendación hecha a España por el Comité sobre los Derechos del Niño de la ONU de prohibir la entrada de menores de edad en las corridas, pues si lo hacían quedan traumatizados para siempre jamás con la sangre y con la muerte y con el patetismo y con la tragedia.

Sin embargo, el comité sobre los derechos del niño en Ginebra  ha recalcado que no está en contra de la tauromaquia. Y el miembro del Comité sobre los Derechos del Niño de la ONU, Gehad Madi, ha dejado claro que estas declaraciones no implican que la institución esté “en contra de la tauromaquia en general en España, ya que es un evento histórico y cultural”.

El premio nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa ha declarado textualmente que  el toro “Es un animal privilegiado, tratado con un inmenso amor desde que nace y hasta su lidia en el ruedo, aunque lo ignoren muchos animalistas”. Advirtiendo también que no tiene lógica la prohibición a los menores, ya que para él “los toros son alta pedagogía”, insistiendo en que “yo llevé a mis hijos (a la plaza) cuando eran pequeños y ninguno ha salido cruel, ni mucho menos, porque este es un espectáculo de creación de belleza como la poesía, la música y la novela”.

De manera que la función de las Escuelas Taurinas es merecedora de mucha mayor y mejor atención por parte de quienes entienden la Tauromaquia como una fuente única que produce bienes inmateriales en una actividad cultural, hermosa, digna y atrayente.

La difamación que soporta la fiesta de los toros de grupos animalistas que tratan de borrarla, eliminarla de la faz de la tierra y acabar con ella, seguramente produzca la reacción en los ambientes taurinos para acercar a los niños con mucho mayor énfasis y dedicación el juego eterno del hombre con el toro, pues es una auténtica vergüenza y desgracia que una mentira, cien, mil veces repetida, se convierta en verdad.