EL DOMINICAL

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Domingo, 26 Noviembre 2017 17:12

Aviso para principiantes

Escrito por  David Benavente Sánchez
Aviso para principiantes Foto Carlos Pinto

En mí recorrido por las Escuelas Taurinas he observado que los jóvenes que pertenecen a las Escuelas Taurinas son personas con una idéntica esperanza, ilusión o sueño: llegar a torear y llegar a ser torero

La mayor satisfacción y contentamiento para un Novillero, e incluso su mayor Gloria efímera pero con sabor a lo eterno, es ser llamado torero. Lo mejor que le puede acontecer a un Novillero es ver el sueño de su vida identificado con su comportamiento en la plaza y que le llamen torero. Es verdad que no ha toreado toros, sino novillos; es verdad que aun no es Torero, sino Novillero, y que por tanto tiene un camino que recorrer lleno de Novilladas, Certámenes, Concursos, Bolsines y “mil cosas” mas para expresar sus talentos y carácter pero la satisfacción es la de vivir en la personificación de su sueño. Un sueño por el que entrena, lucha, se levanta cada mañana, se sacrifica, se entrega, se pone en movimiento, recoge los trastos de torear, come, se relaciona con el mundo, duerme y tiene sueños e incluso pesadillas cuando lee el escalafón de la Tauromaquia y observa lo poco que torean los Novilleros con Caballos y Toreros Profesionales, se hace preguntas y tiene inquietudes sobre su futuro. A pesar de todo esto, o gracias a todo esto, el joven aspirante a ser torero camina hacia el cumplimiento de su sueño y cada vez que se pone ante el novillo quiere mostrarse cumbre, sensacional, fuera de serie, revelación, glorioso, espectacular, increíble, extraordinario, impresionante, asombroso, extraño, insólito, fantástico, sobresaliente, portentoso, soberbio
…. Pero por encima de todo esto quiere sentirse torero aunque solo sea por un instante. El mundo taurino es como una alfombra compuesta por muchos hilos y cada hilo es un instante, un intervalo, un segundo, un soplo, un abrir y cerrar de ojos; y detrás de cada segundo hay muchísimas horas de compromiso, de implicación y de entrenamiento, por eso cada gesto ante el novillo es un gesto torero. Esta es la razón por la que el Novillero no quiere solo torear más o menos bien, sino que quiere estar torero. Este hecho anodino tal vez sea la expresión más significativa de la ética del Novillero que quiere anticipar y aventajar la hora de su SUEÑO con el máximo respeto a las etapas de becerrista, novillero sin caballos y novillero con caballos. El novillero se sueña torero. El Novillero generalmente que pertenece a una Escuela Taurina “rompe” con toda uniformidad, homogeneidad y paridad de la Escuela para ser único, señero e inmejorable por esto trasciende los límites impuestos por la Escuela y vive torero en todo mas allá de la Escuela. Decía un Novillero: “La uniformidad hace que el mundo sea muy aburrido”.
El alumno debe someterse a las enseñanzas y al ritmo establecido en la Escuela, debe tener una actitud abierta al aprendizaje que se recibe de un profesor. Debe alimentar su afición hasta el punto que engorde y se trasforme en una Pasión y modo de vida. Debe dejarse sostener por los criterios profesionales teórico practico de la Escuela y debe mantenerlos en pie, promoverlos, ensayarlos, incrementarlos, hacerlos rendir y fortalecerlos. Se dice de cualquier persona respecto del que la educó y crió desde su primer paso. Los alumnos son aquellos que aprenden de otras personas, por tanto la virtud de la humildad inteligente es esencial para prosperar en la Escuela Taurina. Lo peor que le puede acontecer a un alumno es que sea prepotente. Esto implica al mismo tiempo espíritu de trascendencia, de superación, de querer ser uno mismo. La Escuela es como un andador o un tutor para aprender y corregir pero no es un anulador de la personalidad. Cada alumno tiene su propia impronta, ​huella, marca, genio, condición, temperamento que se debe respetar por parte de todos.
El alumno de la Escuela Taurina deber querer ser como el Torero que lleva en mente pero no debe compararse con ninguno en concreto. Debe mirar más hacia dentro que hacia fuera. Dentro del vive el Ideal del autentico TORERO. Debe esculpir su propia estatua y apropiarse de sí mismo. La comparación en algunos casos es necesaria siempre que no sea plagio que sería injusto e inesario. Debe tener seguridad, confianza en sí mismo y reconocer el valor personal que Dios puso en él cuando lo creo. Debe ser autentico cimentado en su “yo” torero. Debe defenderse a sí mismo, es decir, debe defender su propia naturaleza: él es él y nadie hay que ocupe el lugar que él.

Hay un mandato irracional perfeccionista que hunde en la depresión a millones de personas en el mundo que dice así: si quieres salir adelante y estar por encima de la mayoría tienes que darte duro y sacar callos en el alma.
Lo siento por los perfeccionistas sicológicos y fanáticos pero la vida no es “un caballo” al que hay que domar. Hay que ser auto disciplinado pero no masoquista.
Tres maneras de “darse duro” que no conducen a ninguna parte:
1) Insultarse y autocriticarse exageradamente. Esto es un engaño porque la verdad es otra cosa bien distinta. Esta comprobado que si te insultas o te criticas rígida e injustamente tu potencial humano y tus capacidades se bloquean y disminuyen haciéndote pensar que: “ eres inútil” , “ estúpido”, “ no sirves para nada”, “ que te tienes que dedicar a otra cosa” entre otras.
Esto afecta a la motivación, en cambio la autodisciplina consiste en aceptar “la imperfección natural”, mejorarse a sí mismo y disfrutar. Intentar resolver los problemas en cuestión, (“debo cambiar esto y esto”), y darse ánimos y razones para la motivación (“soy capaz”, “no debo darme por vencido”, “voy a superarme”)
2) Sobre generalizar aspectos negativos de uno mismo: Cuando quieras hacer uso de la crítica refiérete siempre a gestos y actos concretos, a tu comportamiento, y no a tu esencia. Tú eres mucho más que tus actos.
3) He cometido fallos, por lo tanto soy un inútil: Las personas aprenden por ensayo y error. Nadie escapa de este principio. En vez de lamentarte y darte duro, trata de aprender de “tus equivocaciones y fallos”. Busca las causas y las posibilidades de mejorarte.
El éxito no solo se mide por triunfos, sino también en satisfacciones y crecimiento personal. Un pierde “batallas” pero no necesariamente la “guerra”. Un error no es una ruina.
El alumno debe hacer el trabajo de regresar a sí mismo y mirar dentro de él. Intentar verse bello dotado de las mas excelentes cualidades y propiedades. Si no se ve bello, tiene que hacer como el escultor de una estatua: quitar, raspar, pulir y limpiar…, hasta que saque lo mejor de la estatua. El alumno debe retirar todo lo superfluo, enderezar todo lo que sea tortuoso, limpiar todo lo que este oscuro. Abrillantarse a sí mismo y no dejar de esculpir su propia estatua hasta que aparezca en si el “divino” ideal.
Querido novillero “si vas a esculpir tu estatua, hazlo a partir de tu propio mármol”. Tienes virtudes, valores, y carisma suficiente para hacerlo, no dupliques a otra persona.