EL DOMINICAL

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Domingo, 12 Noviembre 2017 21:39

Sirve o no sirve el Reglamento de Espectáculos Taurinos Populares

Escrito por  Jesús López Garañeda

Desde quienes abogan por eliminarlo totalmente y realizar una reestructuración total del texto dando cabida a la realidad singular que muchos pueblos tienen en su propia identidad como tales, hasta otros que desearían una modificación mucho más clara y evidente para salvar lo poco que queda de los espectáculos taurinos tradicionales de la Comunidad de Castilla y León, sin olvidar a los que ya dan por bastante bien empleado el tiempo en cuanto se puso, negro sobre blanco, en su día no hace tanto tiempo, las opiniones se suceden

El Reglamento de Espectáculos taurinos populares de la Comunidad de Castilla y León fue aprobado por el decreto 14/1999 del día 8 de febrero y en cuatro Capítulos y 39 artículos despacha todas las contingencias que previeron en su momento, sin tener en cuenta ni una sola de las características propias y únicas de los pueblos, al limitarse a dar como clase de espectáculos populares solo a los encierros, vaquillas en capea o probadilla y concurso de cortes, obviando los genuinos, los propios, únicos, especiales que se den o se creen o se daban o estaban ya creados. El paradigma de los festejos taurinos populares y tradicionales fue el del Toro de la Vega de Tordesillas, modificado y legislado exclusivamente por medio de un decreto de prohibición tal y como estaba concebido desde sus orígenes. Desdeñan al no atreverse a colocar exactamente el nombre en los enmaromados del que Benavente tiene el ejemplo; el de fuego de Medinaceli; el Estradillo, Soldadesca o función completa que aún guarda la Villa de Tordesillas; o los del cajón adoptados a imitación de otros lugares e integrados ya en el paisaje festivo de muchas localidades…

Es curioso leer en el artículo 5, apartado 2: “No podrá autorizarse como espectáculo popular ningún festejo taurino que no pueda ser incluido en alguna de las categorías señaladas en el apartado anterior”. Por tanto es obvio recordar que si no está incluido no se autoriza.

Parece como si el legislador hubiera querido sacudirse el problema de encima al entender que existen dos Tauromaquias diferentes en su actuación, concepción y liturgia, cuando es una sola la existente, pero con las múltiples variaciones que el tiempo y la evolución ha dado a la misma. Ya se conoce que en el mundo taurino “profesional”, reglado la Tauromaquia es la que se lleva a efecto en una plaza de toros. La otra, la chica, la espontánea, más arraigada en los pueblos no todos la consideran como tal. Ahí está el gran error.

Tauromaquia es todo, tanto si el torero de fortuna torea en campo o talanquera como si lo hace vestido de luces. Posiblemente, los acontecimientos inclinen hacia un lado u otro las atenciones mayores del público. Por eso nunca se debe obviar el ayer para aprender de él, pues toda su historia, su bagaje y su fundamento, existe en las actividades de los pueblos que tuvieron sus tardes entretenidas jugando con el toro bravo y su emoción.

El concluir si el Reglamento sirve o no sirve, si debe ser lanzado a la papelera y olvidarlo o dar cabida en él a otras manifestaciones taurinas que han quedado eliminadas en el actual, eso es cosa de los interesados que siguen creyendo en la Tauromaquia como eje vertebrador universal de los pueblos y que quieran tenerla como tal.