EL DOMINICAL

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Domingo, 12 Noviembre 2017 21:22

El Valor en los Toreros como conocimiento de si (2ª Parte)

Escrito por  David Benavente Sánchez

Al toro se le exige bravura, al torero se le exige valor

No debemos confundir el Valor con la valentía aunque en el Valor es necesario asimismo contar con la valentía que uno encuentra dentro de sí mismo para reaccionar de manera heroica, artística e intrépida. La
heroicidad es la encarnación de la gallardía en el Torero que no es un sentimiento sino una actitud y un estado permanente del alma para el control de su comportamiento a través del cual realizara una proeza en la plaza. A la valentía se le agregan virtudes como el atrevimiento, el coraje, la decisión, el arrojo, el ánimo, el esfuerzo, el entrenamiento, la intrepidez, el ímpetu, el denuedo, las agallas, la audacia, la bravura, el empuje, la energía y la confianza en sus talentos y cualidades.
El atrevimiento: Es la firmeza para alcanzar lo que se propone con éxito.
El coraje: es la habilidad de sobreponerse y superarse con perseverancia a pesar “del precio que hay que pagar”. Julio Iglesias dice: “Llegar a la meta cuesta, te cuesta tanto llegar, y cuando ya estás en ella mantenerte cuesta más, procura no descuidarte ni mirar hacia detrás o todo lo conseguido te lo vuelven a quitar. Aquí no regalan nada, todo tiene un alto precio, peldaño que vas subiendo, peldaño que hay que pagar….” Creo que la letra de esta canción retrata muy bien lo que es el coraje taurino.
El coraje es la actitud de enfrentarse a situaciones con la sensación del triunfo en ellas.
Decisión: es algo que enrola e involucra a toda la persona teniendo fluencia sobre el comportamiento y sentimiento humano. Los toreros lo llaman “ir al lio” , “ armarse los trastos”, “ dar en el clavo”. “ ponerse la
montera”.
Ímpetu: intensidad, impulso y rapidez con que se realiza un movimiento como “un volcán”.
Denudo: brío en la lucha, en la lidia y en toda la acometividad.
Audacia: potencialidad para actuar más allá del riesgo con descaro y respeto. Decía Albert Einstein (1879- 1955) “Intenta no volverte un hombre de éxito, sino volverte un hombre de valor”. El hombre de éxito
se compara con “los iguales”, el hombre de Valor se compara consigo mismo.
Bravura: modo de comportarse e implicarse con una forma implacable, enérgica, feroz e impetuosa. Esta virtud no es propia del torero estrictamente pero el torero tiene que personificarla en muchas ocasiones para comprender y entenderse con el toro e incluso para llamarlo y encararlo.
Propio del torero es el valor, propio del toro la bravura.
Empuje: fuerza de reacción. Es la fuerza de voluntad que incita adelante o a mantenerse hincado en la arena cuando la psicología y la mente incitan a ir atrás. El empuje mueve en dirección contraria a la suma de
sentimientos, emociones, reacciones, sicologías y razonamientos.
Ser Torero es re-presentar, volver a hacer visible, una ética heroica. El Torero es el héroe porque encarna sus valores y al mismo tiempo va más allá que él. El héroe es el hombre excepcional que afronta la prueba antes que los demás. Es también el que se muestra apto para una acción clamorosa, un gesto imposible, una hazaña individual, el que hace lo que otros no pueden hacer, y por ello suscita su asombro y su admiración singular. Es también quien da prueba, más que ningún otro, de las virtudes físicas que entraña el desafío a sí mismo. Más que el deportista o el modelo el Torero simboliza la ética del héroe y del combatiente solitario aunque va acompañado de la cuadrilla. Es un “actor al que le ocurren cosas de verdad” decía Orson Welles. Todo gesto Torero es un gesto heroico, “torero, torero”, no un gesto hermoso sino un gesto admirable que entraña auto sacrificio y admiración por parte de los demás. El Torero que, a cuerpo limpio y con desprecio de su propia vida, se lanza al Ruedo y pisa la arena para atraer hacia si la embestida del toro o para hacer el quite a un compañero, constituye su ilustración ejemplar. Esto es propio del torero. Por eso, para ser llamado TORERO, no basta con dar buenos pases a los toros o matarlos bien, es necesario superar al héroe y combinar la debilidad de un mortal con la Omnipotencia y tranquilidad de Dios; y aportar el gesto excepcional, sensacional, cumbre, un acto clamoroso que muestre el ideal de

imposible.