EL DOMINICAL

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Domingo, 29 Octubre 2017 11:58

El origen de la Corrida de la Prensa

Escrito por  Fernando García Bravo
Cartel de la Corrida de la Prensa. 20 de octubre de 1901 Cartel de la Corrida de la Prensa. 20 de octubre de 1901 Autor A. Sonseca Rojas

La famosa Corrida de la Asociación de la Prensa tiene una causa curiosa e interesante, digna de ser relatada y conocida por los aficionados a las lecturas taurinas e investigadores

El proyecto fue ideado por el periodista Miguel Moya al terminar una fiesta en el popular y desaparecido colmado hispalense Venta de Eritaña, donde el conde de Garay había organizado y obsequiado con un almuerzo y una fiesta a varios de sus amigos, especialmente madrileños, que asistían a la feria de Sevilla, en abril de 1900, en la que se congregaron alrededor de treinta comensales. Figuraban, entre otros, el entonces ex ministro Segismundo Moret, Natalio Rivas y Miguel Moya, y el motivo por la cual se organizó fue el siguiente: Miguel Moya —que era director del periódico El Liberal y Presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid—, estaba enemistado por razones políticas con su colega y político Segismundo Moret, a pesar de haber sido muy buenos amigos durante muchos años. Un periodista amigo de los dos, Natalio Rivas —hombre de basta cultura, que nos ha dejado valiosas obras taurinas— y el conde de Garay, organizaron aquella fiesta en la venta sevillana, invitando a pasar una jornada a varios amigos y, así, lograr la deseada reconciliación. Después de los brindis y abrazos, sellaron su amistad de nuevo los dos homenajeados, y los comensales escucharon con agrado la propuesta de Miguel Moya, que era la intención y el deseo de organizar una gran corrida de toros a beneficio de la Asociación de la Prensa.

Acogida con júbilo la idea, allí mismo, en la mesa del banquete, se tomaron los nombres de los que formarían la empresa, y al acto se ofrecieron el marqués de Tovar, el conde de Garay, el ex diputado a Cortes Luis Palomo, el conde de Campomanes, Antonio Valdés, el diputado provincial de Sevilla José María Ferrero, Natalio Rivas y el célebre escultor Mariano Benlliure. Terminada la fiesta y de regreso a Madrid, los responsables de la organización del evento se pusieron manos a la obra. Eligieron ocho toros del marqués de Saltillo, para los cuatro ases de la torería a la sazón: Luis Mazzantini, Antonio Fuentes, Emilio Torres «Bombita» y José García «Algabeño». Para darle todos los posibles atractivos a la fiesta se logró que garrochistas de las ganaderías de Halcón, Moreno Santamaría, Cá- mara y Campos Varela hicieran el número de derribar en la plaza algunas reses. Contando ya con los principales elementos para la corrida, el Presidente de la Asociación de la Prensa convocó a una reunión a los individuos de la Junta Directiva y a periodistas taurinos, e hizo relación de los trabajos realizados para organizar la fiesta, fijándose en principio el programa de aquella, que mereció la aprobación unánime de los concurrentes. Al tratarse del cartel programa anunciador de la fiesta que se saliera de lo corriente, se pensó en Mariano Benlliure y aceptado por éste, pintó una verdadera maravilla que prodigó en ella todos los primores y delicadezas artísticas, quien dibujó en el lienzo una manola con falda y justillo de vivos colores, tocada con la mantilla española, descorriendo con su diestra grandes paños azul y blanco, distintivo de la ganadería de Saltillo, para dar vuelta a un polícromo paseo de cuadrillas. Con todo previsto, la corrida se celebró 12 de junio de 1900. Bajo la presidencia de José Cánovas y Varona, teniente de alcalde del Ayuntamiento de Madrid, destacando como preámbulo el nú- mero de acoso y derribo al estilo andaluz, ejecutándose por primera vez en la historia taurina en una plaza de toros. Los afamados acosadores andaluces Francisco Calzadilla, Joaquín de los Santos, Miguel Mayo y Francisco Jiménez Poyuela, ayudados por los jinetes madrileños el marqués de Guadalest, conde Muguiro, Alfonso Valderrábano y el distinguido rejoneador Antonio Fernández

Heredia deleitaron al público presente con una excelente demostración de sus habilidades. Con aplausos cerrados despidió el pú- blico a los derribadores andaluces, quedando muy satisfecho de sus faenas, en las que demostraron los cuatro sus maravillosas condiciones de caballistas, a pesar de las dificultades que ofrecía la limitación del terreno. Las ocho moñas destinadas a los ocho toros, fueron regalo de las duquesas de Alba, de Montellano, y de San Carlos; marquesas de Ivanrey y Castrillo, y señoras de Moret, Rivas e Iturbe. Otro de los números de mayor atractivo del programa era la rifa que antes de la corrida había que verificarse de los objetos regalados a la Asociación de la Prensa; entre otros figuraban el cartel de Benlliure, las moñas, las cabezas de los toros que en la lidia resultasen mejores, una tabla pintada por José Villegas, otro cuadrito original de Luis Álvarez, y algunos objetos taurinos regalados por varios diestros y aficionados. En cuanto al resultado artístico la tarde no tuvo mucha historia: Luis Mazzantini, vestido de violeta y oro, fue silbado y denostado por el que abrió plaza, de nombre Perrunito, y silbado en el quinto. De un elegante rosa y oro vestía Antonio Fuentes, que escuchó las únicas palmas unánimes por su labor en el segundo; pero en el sexto estuvo tan pesado, que el público aburridísimo, lo tomó a chufla. Para «Bombita», de azul y oro, la tarde rodó con idénticas características que para Mazzantini. «Algabeño», de grana y oro, realizó muy movida faena en el cuarto, al que despachó de un colosal volapié. El público guardó silencio. Con el octavo estuvo mal con la muleta y peor con los aceros. El éxito económico fue total, llenándose la plaza recaudando cien mil pesetas, con un neto, después de gastos, de algo más de treinta mil pesetas de beneficio para la Asociación de la Prensa. El importe de los toros ascendió a dieciséis mil pesetas y las cuadrillas cobraron veinte mil quinientas repartidas en cuatro partidas: Mazzantini seis mil, Fuentes y «Algabeño» cinco mil y «Bombita» cuatro mil quinientas. Por último, y para terminar con la reseña de esta primera corrida de la Prensa, hacer mención de un curioso incidente que se produjo durante la corrida y que fue objeto de los naturales comentarios. Parece que en uno de los burladeros de la barrera se encontraba, como en otras ocasiones, el inspector Nicanor Isires, al cual envió varios recados el Presidente de la corrida para que se retirara en vista de que había mucha gente entre barreras; éste haciendo caso omiso no creyó oportuno atender la indicación, en vista de lo cual le llamó al palco el Presidente y le recriminó por su desobediencia. El inspector, molesto por ello profirió alguna frase desacatando la autoridad del Presidente, originándose un intercambio de golpes entre ambos, por lo que el inspector fue detenido y puesto a disposición del juez. Fue tanto el éxito que alcanzó la primera corrida de la Asociación de la Prensa, que ha quedado su repetición periódica desde entonces. Así son las cosas, de una idea nacida al calor de una comida rociada con cañas de manzanilla, nació una tradición que se ha convertido en cita obligada a través de los años y en una de las convocatorias más destacadas del calendario taurino.

 

Cartel de la Corrida de la Prensa realizado por Mariano Benlliure