EL DOMINICAL

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Domingo, 08 Octubre 2017 13:03

Signos religiosos en la montera y en el tarje de luces

Escrito por  David Benavente Sánchez

Encontramos, que muchas son las formas en las que el torero expresa su religiosidad, siendo una de ellas incluir sobre su Ornamento Taurino toda clase de medallas, pisa corbatas de imágenes sagradas, así también estampas adheridas en el reverso de la chaquetilla y de la montera

Son elementos sagrados de poder y de ayuda de gran valor. No honran los materiales de que están hechas las imágenes y estatuas, sino que honran al Santo Representado. Entre las instrucciones de Dios a Moisés para la construcción del Santuario se encuentra ésta, en la que le ordena elaborar estatuas. Los toreros recios se asocian a esta tradición. La cualidad Sagrada dada a estos signos, símbolos, y objetos les hace ser portadores de bendiciones, energías, pensamientos, influencias y ayudas que propician el éxito y la protección divina tan necesaria en la vida y en esta profesión.
El traje de torear representa la segunda piel del torero - en palabras de Luis Miguel Dominguín – y, en cierto sentido, su cuerpo entero. No es un modo de hablar porque cada traje establece un vínculo real y especial con cada torero. El traje es una obra maestra de la Tauromaquia que, infundiendo en cada sujeto la torería, configura en la unidad del cuerpo desnudo y de los ornamentos, hasta el punto de trasformar ambas realidades en un solo cuerpo, edificado sobre la unión común del genio taurino.
Ciertamente “la segunda piel del torero” es un atuendo fuera de lo común, una vestimenta extraordinaria y un elemento configurador. Francisco de Paula José Joaquín Montes Reina, Paquiro, aporto galones, borlas y machos, alamares y lentejuelas al traje de torear. Acorto la chaquetilla con oberturas en las axilas para la flexibilidad y exalto las hombreras como señal de hombría. Este Torero se inspiro para la reforma del traje de torear de los bordados que había observado en los Ornamentos sagrados de los sacerdotes, de los estandartes y demás prendas litúrgicas tanto en la Iglesia Católica como Ortodoxa. No es de extrañar que un traje de luces, a partir de este momento, se parezca tanto, por ejemplo, al diseño de un Estandarte de una Cofradía Cristiana en tanto y cuanto a los bordados y a
los diseños personalizados.
En el cuerpo de los toreros algunas veces se observan tatuajes de Santos de su Devoción o frases significativas para remarcar la unión existencial del traje/cuerpo, carne/espíritu y hombre/ Dios. Un Novillero con caballos amigo del que subscribe tiene un tatuaje de una espada de entrar a matar goteando sangre del toro con esta frase de D, Annuncio: “el peligro es el eje de la vida sublime”. El Novillero Raúl Hernández Cámara probablemente, como otros profesionales, quiere dar este enfoque e interpretación a su manera de vivir pero no apoyado en sus propias fuerzas, sino en un Poder y Angulo superior. Otros Toreros hacen colgar de su cuello muchos rosarios o cadenas con medallas religiosas.
Veamos otra prenda taurina como es la Montera. La Montera forma parte del traje y al mismo tiempo no tiene nada que ver con su diseño y estructura. Ha evolucionado mucho en su forma pero ha conservado las propiedades esenciales en las borlas o machos que la rematan por los extremos, el color negro que da un tono de seriedad y el rico material en tercio pelo y pasamanería de seda. Francisco de Paula sustituirá en el año 1835 la redecilla que recoge el pelo por la actual Montera. Hay que anotar que los varones tenían generalmente pelo largo por aquel entonces. Si el traje es símbolo del cuerpo, la montera es símbolo de la cabeza. La cabeza es mucho más que una parte del cuerpo, representa la autoridad, el principado, el poder, el señorío, la preeminencia del ser sobre el hacer, la plenitud y la capacidad de gobierno. La Montera es el símbolo de la cabeza y la cabeza es “el nombre sobre todo nombre” en el toreo. La cabeza exalta al ser humano hasta lo sumo. Decía Georjes Bernard Shaw que la cabeza es “una maquina portátil perfectamente ajustada”. “Se cree desde la cabeza”. En la cabeza están las decisiones y la autoridad moral y ética. La Montera es asimismo una prenda “profética” que habla de triunfo hasta el final. Muchos de los gestos del torero cobran sentido gracias a su ser. Con la Montera se hacen los brindis y se santigua. Con la Montera se dedican los toros, las suertes o toda la faena a una persona, al Cielo o al público. No es de extrañar que en el reverso de la Montera se esconda y adhiera la imagen de un Santo, de la Virgen María o del mismo Dios expresando que por encima de su persona se sitúa lo Sobrenatural en donde deposita su confianza y su Fe como dice el Apóstol San Pablo: “Por lo cual también sufro estas cosas, pero no me avergüenzo; porque yo sé en QUIÉN he creído, y estoy convencido de que es poderoso para guardar mi depósito hasta aquel día”.

Este gesto de pegar al reverso de la Chaquetilla o de la Montera imágenes y estampas religiosas de Vírgenes y de Santos o del mismo Dios pone de manifiesto que este poder tan extraordinario que tiene el torero no procede de su naturaleza sino de Dios. En lo secreto de su Ornamento esta la fuerza desplegada y la ayuda eficaz que se llama Gracia y que consiste en el acercamiento gratuito de Dios. La Gracia es ser contemplado por Dios, ser protegido por su amor. Es una ayuda infundida desde lo alto que no se puede explicar por causas intramundanas. Esta es la razón por la que el traje y la montera que porta en su interior tal Ayuda Sobrenatural es tratada con tanto sentimiento, hondura y delicadeza. La palabra clave es Respeto. No se permite jugar con los Ornamentos de un Matador de toros, ni su profanación, ni ser tocada por manos ajenas. Si observamos el comportamiento y el porte de el torero en la plaza de toros, en su ruedo y en su albero o callejón, nos daremos cuenta de esto.